Naphtali Fields
November 28th, 2011
La Artista ArtCorps Naphtali Fields brindó su ayuda durante el desastre causado por la cantidad de lluvia que cayó el mes recién pasado; cantidad que superó e incluso fue más devastadora que la que dejo el Huracán Mitch en noviembre 1998 en El Salvador. Lee más sobre las inundaciones y deslizamientos de tierra que causaron la emergencia a nivel de toda Centro América.
Es mi tercera mañana de trabajo en el albergue. Camino hacia el oscuro gimnasio hecho de concreto y me dirijo hacia la esquina donde se encuentran los niños. Antes de que llegue a la entrada, una niña delgada y sucia se dirige a mi, “Naphtali!” grita Brenda, “¡estuve toda la mañana esperándote…!” Me muestra un pedazo de papel y se me queda viendo mientras toma mi mano, con una sonrisa en su cara. Me entrega un dibujo-el tercero que me entrega en los últimos tres días.
Cada uno de estos dibujos es igual al otro: su casa dibujada en el medio de un pasto verde con flores, bajo el brillante sol. Le sonrío y le doy un abrazo. Su dibujo es muy hermoso, pero no se ve de ninguna manera semejante a su hogar en la realidad. Ella se encuentra en este albergue porque su hogar verdadero esta a punto de colapsar debido a las tormentas.
Las lluvias han continuado a lo largo de diez días, y la familia de Brenda tuvo que ser evacuada de su hogar construido de adobe pues corrían peligro. Ellos viven al borde de un precipicio, y a medida la tierra se lavaba por la cantidad de lluvia que caía, su casa se encontraba más y más en peligro de desplomarse. Cuando el sol finalmente salió, la mitad de la pared de la cocina de la casa se había desplomado ya y el resto se encuentra en precarias condiciones-listo para desplomarse con el próximo temblor o inundación que haya. Ella y su familia tuvieron que vivir en el albergue/gimnasio por un total de siete días, junto a un grupo de más o menos 60 personas, todas quienes habían sido albergadas allí debido a la cantidad de agua que les amenazaba en sus hogares.
Trabajé en el albergue en Ahuachapán por una semana; y no vi mucho por lo que Brenda debía andar alegre. Los adultos se sentaban en las bancas con una mirada de rendición en sus rostros y guardaban silencio durante horas, mientras tratábamos de jugar con los niños y mantenerlos ajenos a todo, alegres. Las donaciones recibidas llegaban en forma de alimentos y víveres, sin embargo los grupos de personas de las Iglesias venían, daban sus charlas y se retiraban después de una hora. Algunos empleados de las organizaciones de ayuda tomaban ropa destinada para las familias evacuadas. El conflicto entre las sesenta y algo de personas en ese confinado y sucio albergue incrementó a medida transcurría el tiempo. Y lo peor de todo, cuando las familias debían recoger sus cosas y las guardaban en bolsas de plástico para regresar a su hogar, algunos debían regresar a las mismas condiciones de peligro, las que no pueden arreglar pues no tienen como pagarlo. En su lugar, se unen en oración para humildemente pedir por protección para sus hogares derrumbados, sus tierras inundadas y para lograr vivir lo mejor que puedan.
Pero, ¿quienes sufrieron la peor parte de la tormenta? Como siempre los más pobres. Los hombres y mujeres sin hogar que andan por la calle, tosiendo y con resfriados, las familias pobres que con el poco dinero que pueden construyeron sus casas de lámina a la orilla de ríos y lagos, las casas de adobe apiladas una sobre la otra como filas de dominó y que sucumben ante la más minima provocación. Yo jugué con niños de doce años de edad, quienes pesaban menos que algunos niños de cuatro años, peine el pelo enredado y sucio de algunos de ellos y observe perpleja como Asistencistas del Gobierno entregaban cepillos de dientes a los más de la mitad de niños en el albergue con dientes podridos. El primer día, mientras escuchaba las historias de cada una de las familias, me embargó la pena camino a mi casa, como si fuera una sombra sobre mi. Yo soy una mujer pequeña y hay poco que yo pueda hacer ante tanta necesidad. Fui tentada a quedarme en mi casa y esconderme bajo una colcha, quedarme en casa leyendo novelas hasta que la lluvia y la realidad de El Salvador se esfumaran como neblina en la lejanía. Pero le había prometido a los niños que regresaría, y ellos tenían muy pocas cosas que hacer durante esos días en el albergue. Peleamos contra el aburrimiento con venganza: jugamos futbol, cantamos, hicimos algunos ejercicios de yoga que aun recordaba, hicimos trenzas en el pelo, coloreamos e hicimos cosquillas; llenando así las horas a medida la lluvia no paraba de caer sobre los techos. Y luego, finalmente, paro. Nos apilamos en los camiones para llevar a las familias de regreso a sus comunidades, hicimos el último dibujo, abrazamos al último de los niños pegajosos y barrimos las últimas cantidades de basura que quedaron en el piso del gimnasio.
Fui a la comunidad de Brenda a ver su casa al borde del cañón. Era un complejo de tres casas, una encima de la otra. La primera había colapsado cuando un muro del vecino le cayo encima, la segunda tenia rajaduras en sus paredes debido al peso del agua, y la tercera, era la casa de Brenda la cual estaba a punto de caer al precipicio. Aun así, los niños se reían a medida nos daban el grandioso Tour por el lugar. Luis Miguel estaba tratando de obtener un último juego de cosquillas mientras nos despedíamos. Talvez en cincuenta años, el tenga una hija quien le pida le cuente historias sobre la inundación del año 2011. Talvez este tipo de terribles lluvias no regresen el año que viene o el siguiente y talvez sus hijos solo tengan que felizmente imaginar tragedias que no han tenido que experimentar. Podemos esperar que eso suceda ¿o no? Somos muy pequeños frente a tanta necesidad, pero podemos tener fe y esperar.
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Monica Salas
November 15th, 2011
Mónica Salas, Coordinadora de Programa de ArtCorps, apuesta por llenar Guatemala de vida.
No importa lo que desde los sectores de poder se esté gestando en cada momento, lo que interesa es mantenerse alerta para sembrar espacios de creación, de esperanza, de desarrollo de identidad, de capacidades de proyección, de sueños de transformación de realidades.
Utilizar el arte como instrumento de metamorfosis ha sido una maravillosa experiencia que llevo conmigo. En el trascurso de este año, trabajando con ArtCorps, he visto crecer sonrisas en rostros más bien sombríos, he visto miradas seguras que antes se escondían, he visto sueños de mujeres dando sus primeros pasos, he sentido abrazos plenos donde antes sólo habían distancias de por medio.
Sí, apenas primeros pasos en realidades de carencias fuertes, de pobrezas que golpean; más estos incipientes cambios son formas de visualizar procesos de descubrimiento que marcan y que animan el andar.
Es casi como constatar un SÍ SE PUEDE, aquella que permite avanzar.
Es al mismo tiempo comprometerse desde lo más profundo a tocar a las personas a través de experiencias de expresión artísticas, que les ayuden a mirarse frente al espejo con dignidad.
Las mujeres achíes y las kekchíes, me han acompañado en la realización de estos sueños de trabajar experiencias de empoderamiento personal y colectivo a través del arte. Con lo vivido, compartido, soñado entre nosotras me despido tranquila de esta experiencia, sabedora que sembrada está la semilla y que los brotes no tardarán en asomarse.
Kat in willo. (Te veo.)
In kas Lik (Luego existo.)
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Monica Salas
November 15th, 2011
ArtCorps Program Coordinator Monica Salas talks about bringing life to Guatemalans living in a country overridden by fear, violence and oppression.
Regardless of what the powerful groups are planning at any time, our most important task is to stay alert and open to opportunities to seed spaces for creation and hope, to develop identity, and to build capacity the future and dreams for transforming reality.
Using art as an instrument for metamorphosis has been a marvelous experience, and one that I carry with me still. Over the course of this year working for ArtCorps, I have seen smiles grow on the most serious faces, and looks of confidence that previously were hidden. I have women’s dreams take their
fledgling steps, and I have felt full embraces where before there were only distances between us.
While it’s true that these are just first steps in the face of harsh realities, and poverty that weighs heavily, these incipient changes are a way to demonstrate processes of discovery that mark and motivate the journey.
It is an expression of SI SE PUEDE (YES WE CAN), and it leads us forward.
This work implicates a commitment that springs from the deepest part of ourselves, to touch people through experiences of artistic expression, to help people face themselves in the mirror with dignity.
The Achí and Kekchí women have accompanied me in making these dreams of personal and collective empowerment through art come true. With what we have lived, shared, and dreamed together, I peacefully say goodbye to this experience, knowing full well that the seeds have been planted and the sprouts will soon appear.
Kat in willo (Until I see you again.)
In kas Lik (Then I exist.)
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Andrea Shigeko Landin
November 14th, 2011
La Artista ArtCorps Andrea Shigeko Landin viaja a la ciudad capital de Guatemala acompañando a su grupo de jóvenes alumnos de fotografía y documentales del área del Altiplano.
Me he dado cuenta que esto siempre se cumple: No importa que tan lejos vayas, siempre encontrarás algo que parezca familiar; y no importa cuanto tiempo dure tu estadía, siempre encontrarás algo nuevo.
El poco tiempo que aun me queda en Toto esta volando y cada día me doy mas cuenta de ello. Será muy difícil irme de aquí, eso ya lo se; por lo general mis ojos se llenan de lagrimas con solo pensar en eso. En ocasiones pienso sobre mis primeros días aquí, cuando vine en Enero – todo era nuevo, el sentimiento de ansiedad, el sentirme como extranjera y el miedo.
Pero estas emociones no se desvanecieron con la temporada de mangos; no, siempre siguen allí, como lo hacen los amigos cercanos. La semana pasada, lleve a un grupo de jóvenes conmigo a la ciudad capital – el grupo de jóvenes que esta trabajando en el proyecto de fotografías y entrevistas – con el objetivo de crear una pequeña exhibición sobre las costumbres y tradiciones de Totonicapán en Noviembre. Este viaje surgió de mi realización, hasta hace algunas semanas, que ninguno de los jóvenes había visto algún tipo de museo o exhibición de arte, y por lo tanto la idea de hacer el nuestro propio parecía una idea abstracta e inalcanzable. Entonces después de obtener los permisos con nuestra organización, empezamos la planificación de nuestro viaje a la ciudad capital de Guatemala donde visitaríamos una exhibición de temas relacionados con la raza, clases sociales e historia de este país. Yo ya había tenido el privilegio de ver esta exhibición el año anterior, pues fue patrocinada y organizada por el Centro de Investigación de Ciencias Sociales donde yo estudie el año pasado en la Antigua.
Ninguno de los jóvenes había tenido tampoco la posibilidad de viajar a la ciudad de Guatemala (la capital) anteriormente. A medida trabajamos para hacer el viaje una realidad, la excitación se volvía cada vez más contagiosa. El día de nuestra excursión, su entusiasmo nunca decayó, desde que salimos a las 5am hasta nuestro regreso a las 9pm. La exhibición fue grandiosa, pero lo mas bonito de nuestro viaje fueron aquellas cosas que jamás anticipé.
“Andrea, ¡Mira! ¡Mira! ¡Rápido, toma una foto!” A solicitud de varios de los jóvenes, me di la vuelta, esperando ver algo extraño. Luego me di cuenta que los jóvenes señalaban al cielo, donde volaba un avión. Por supuesto. Esta cosa voladora de metal de la cual solamente habían escuchado hablar era en realidad algo extraordinario. En mi caso no solo había visto suficientes aviones, pero habiendo volado en tantos aviones había perdido ya hasta la cuenta. Entonces fingí emoción también y saque mi cámara. Unos cuantos aviones más sobrevolaron el cielo y los jóvenes no dejaban de señalar al cielo, emocionados. Luego algo extraño sucedió dentro de mí. Con cada avión que pasaba, mi fascinación – la cual no existía en un principio – creció junto a la de ellos. Después del 4o avión yo estaba también asintiendo con mi cabeza a medida los jóvenes expresaban su incredulidad y mirábamos hacia el cielo hasta que mis ojos ya dolían y el ultimo de los aviones se oculto entre las nubes.
Pero sin duda lo que más emoción causo fue subirnos a un elevador. ¡Ninguna duda al respecto!
Al principio los jóvenes insistieron en correr por las escaleras de los 22 pisos que nos llevarían a la parte superior del edificio. Al principio los seguí, con un poco de renuencia – ¡eso era como subirse en una maquina de ejercicio en el nivel 20! Luego llego el momento de tomar el elevador hacia abajo. Los jóvenes empezaron a gritar incluso antes que el elevador se moviera. Mi instinto fue el de sonreír y reírme de su reacción, aun cuando no estaba segura de cual debía ser mi rol en esta situación – talvez debí haberles pedido que se calmaran, pues habían otras personas en el elevador y ¿no era correcto molestarles? Pero simplemente se sintió anti-natural suprimir tal euforia. Entonces permanecí callada y con cada piso que bajábamos en este elevador con paredes de vidrio, mi sonrisas se hacia cada vez más grande. Para cuando llegamos al primer piso, los jóvenes querían volver a subir. Pude notar que el operador del elevador estaba un poco molesto, pero para ese momento ya había olvidado mi rol de adulto responsable, y le pedí que si podíamos ir hacia arriba de nuevo. El dudó, pero para tratar de convencerlo, le dijimos que era nuestra (si, dije “nuestra”) primera vez en un elevador, y por ende en la capital y que solo tendríamos ese único día por lo que nos haría muy felices si nos permitía subir una vez más. Finalmente accedió.
Los jóvenes empezaron otra vez a gritar a medida subíamos, y veíamos que las personas y los carros en la calle se hacían cada vez más pequeños. Luego bajamos los 22 pisos de nuevo y esta vez el ruido de nuestro grupo era aun más fuerte – pues ahora yo también gritaba con ellos.
Entonces aprendí que el encontrar algo nuevo dentro de un ambiente familiar no necesariamente tiene que ser algo que uno nunca ha visto anteriormente. Muchas veces tú experimentas novedad y delirio por medio de los ojos de alguien más, y hasta lo conviertes en algo propio. Y en cuanto a la búsqueda de cosas familiares en lugares lejanos–bueno, puedo decir que mi percepción de la distancia y el extranjero han cambiado un poco. Para mí, California encaja en esta descripción perfectamente en este momento. Pero estoy segura que cuando baje del objeto volador de metal y suba en el aparato operado con paredes de vidrio en el aeropuerto de Los Ángeles, el flujo de familiarización será excitante, delicioso y me hará sonreír. Las lagrimas llenas mis ojos con solo pensar en ello.
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