La Artista ArtCorps Naphtali Fields y las agricultoras con las que trabaja encuentran el valor y la seguridad necesarios para trabajar juntas de forma novedosa.
En una reunión reciente con las mujeres del grupo de teatro, repartí hojas de papel y ceras de colores y les pedí que dibujaran un mapa del viaje a lo largo de este año, el futuro que deseaban para nuestro grupo en los próximos meses. Nadie optó por las ceras, la mayoría empezó a trabajar con lápices de colores, dibujando con una capacidad de concentración que espero que se contagie a los ejercicios teatrales algún día. Caminé entre el grupo, haciendo cumplidos a los colores elegidos, a su trabajo e intentando evitar (como siempre) que las gallinas me picotearan los pies. Al rato, me di cuenta de que dos mujeres del grupo no estaban dibujando. Sus hojas descansaban en el regazo y ellas miraban al suelo. Mamita, sentada más cerca de mí, es la abuela de la mayoría de las mujeres del grupo. Es una mujer alta, con porte digno, anciana y siempre amable conmigo.

“Mamita”, le dije, “¿por qué no estás dibujando? ¿Quieres que te traiga colores diferentes?” Lupe, su nieta, levantó la mirada de su dibujo un momento y dijo:
“Mamita no sabe escribir”. Mamita asintió vigorosamente con la cabeza.
“Pero dibujar no es lo mismo que escribir”, le dije. “Sólo tienes que unir los colores”. Entonces Mamita me hizo una aclaración. Nunca había agarrado una cera, un lápiz o un bolígrafo. No sabía cómo hacerlo correctamente. Entonces, acerqué uno de las ceras gigantes que se me había antojado comprar y coloqué sus dedos alrededor de la misma. “Ahora todo lo que tienes que hacer es decidir qué colores quieres usar”, le dije. Al principio, apenas tocaba el papel con la cera, con vergüenza y afectación. Después, tras comprobar que nadie la observaba o se reía, lo intentó de nuevo, dibujando un círculo rojo muy bonito. La dejé mientras dibujaba, triunfante, círculos y fui a animar a Ildit, la otra mujer en silencio que nunca antes había sostenido un lápiz.
Unos veinte minutos después, enseñamos nuestros dibujos y compartimos su significado. Margarita había dibujado un avión que ella misma pilotaba, mostrando que ella quería estar a los mandos de su propia vida y tomas sus propias decisiones. Casi todas habían dibujado campos de maíz y frijoles, ya que deseaban una buena cosecha. Algunas nos dibujaron a todas juntas, tomadas de las manos y trabajando para mejorar la comunidad.
Pero estaba más orgullosa de Mamita. Aunque su papel estaba cubierto de círculos negros, rojos y amarillos, nos lo mostró a todas. “¿Habéis visto lo que he hecho?”, preguntó. Aunque los demás dibujos eran mejores técnicamente, ella plasmó el espíritu de este año mejor que nadie. Aparentemente, el arte puede ser una herramienta inútil en comunidades como San Francisco. Cada mujer tiene más trabajo del que puede manejar, niños con parásitos, poca comida y ahora una importante escasez de frijoles porque las lluvias del año pasado fueron torrenciales. ¿No sería yo más útil si abogara por un programa de alimentos o de salud? Creo que la respuesta es más complicada de lo que quiero decir. Prefiero decir que no, que las limosnas y los subsidios no ayudan a largo plazo. La belleza del arte, de la creatividad, es lo que nos enseña a pensar con espíritu crítico sobre nuestras vidas y nos proporciona herramientas para organizar y cambiar lo que nos hace sufrir. Creo que es así, pero estoy viendo que es una creencia bella a la vez que difícil de vivir.
El arte y el cambio social necesitan tiempo. Vine a enseñar teatro, y luego me di cuenta de que para muchas de estas mujeres va a hacer falta todo un año de trabajo para que ganen la confianza y el valor necesarios para ponerse delante de diez personas y decir unas líneas. Organizar es difícil. Si baja agua por la tubería principal, como ocurre cada 8 días más o menos, se cancelan las reuniones. Los niños se enferman. Hay que hacer las tareas de la casa, hay que hacer tortillas tres veces al día. Si llueve, todos se quedan en casa. Hay un millón de cosas que parecen más urgentes que reunirnos para jugar y hablar sobre el pensamiento creativo. Y aún así, nos reunimos. El número de participantes ha disminuido tras el primer estallido de interés, pero las que aún quedan están ganando confianza y camaradería. Puede que no montemos ninguna producción larga pronto, y también es posible que no solucionemos los problemas de malnutrición, parásitos y escasez económica, pero poco a poco comenzamos a dibujar juntas nuestros sueños. Y ahora, todas saben sujetar una cera.
Lee más sobre la colaboración de ArtCorps con AGROSAL y Oxfam America en El Salvador.

























