Nuestras mejores ideas se nos ocurren en el baño. Y de hecho, se afirma que Albert Einstein dijo “¿Por qué será que las mejores ideas siempre se me ocurren mientras me afeito?” A la vuelta de la orientación de ArtCorps en Antigua, la artista ArtCorps Jennifer Sklar Gilbert también ha descubierto que el baño ha traído ideas para reducir las tensiones del mes de enero en la oficina de FUNDAHMER.
La historia ocurrió en el patio el día siguiente a mi vuelta a la oficina. Mientras intentaba planificar un modo de asegurar que el arte y la creatividad fueran sostenibles en FUNDAHMER tras mi futura marcha en 2012, no me podía concentrar a causa del revuelo de suspiros que venía de la habitación contigua. Allí, mis pobres y queridos directores estaban reunidos para resolver las dificultades económicas que nuestra organización sin ánimo de lucro enfrenta actualmente. ¿Qué podía hacer para relajar el ambiente? Claramente necesitaban poesía. ¿Pero cómo podía hacerlos parar un momento para leer un poema? La inspiración me llegó en el servicio. ¡Poner los poemas en el baño! Poesía en el aseo, ¡una idea brillante!
Elegí dos poemas relativamente alegres, uno titulado “La luna asoma”, del poeta español Federico García Lorca, y otro llamado “No te quiero sino porque te quiero”, del Nobel chileno Pablo Neruda. Garabateé los versos y los decoré respectivamente con una luna brillante y un enamorado confundido que sostiene un ramo de flores y un cartel que dice “¡Te odio!”
La reacción fue muy positiva. En el almuerzo, oí que dos compañeros se decían: “¿Pero quién crees que ha puesto esos poemas en el baño?” A las 3 en punto, mi querida directora Anita entró riéndose. “Gracias, Jenny”, me dijo, “¡Nunca antes había leído un poema en el servicio!” Me senté para darle un masaje, y aunque su espalda seguía llena de nudos, mis dedos me prometieron que aún había esperanzas de que algún día no muy lejano ella pudiera relajarse de nuevo.
Mientras escribo esta nota, los directores están de nuevo en la mesa, buscando formas creativas de avanzar en tiempos difíciles. Quizá debería servirles más vasos de agua, y así tendrían que volver al baño pronto y ver el nuevo poema colgado, esta vez del famoso y revolucionario poeta salvadoreño Roque Dalton.
Los dioses secretos
Somos los dioses secretos.
Borrachos de agua de maíz quemado y ojos
Polvorientos, somos sin embargo los dioses secretos.
Nadie puede tocarnos dos veces con la misma mano.
Nadie podría descubrir nuestra huella en dos renacimientos o en dos muertes próximas.
Nadie podría decir cuál es el humo de copal que ha sido nuestro.
Por eso somos los dioses secretos.
El tiempo tiene pelos de azafrán, cara de anís, ritmo de semilla colmada.
Y solo para reírnos lo habitamos. Por eso somos los dioses secretos.
Todopoderosos en la morada de los todopoderosos,
Dueños de la travesura mortal y de un pedazo de la noche.
¿Quién nos midió que no enmudeciera para siempre?
¿Quién pronunció en pregunta por nosotros sin extraviar la luz de la pupila?
Nosotros señalamos el lugar de las tumbas, proponemos el crimen, mantenemos el horizonte en su lugar, Desechando sus ímpetus mensuales.
Somos los dioses secretos, los de la holganza furiosa.
Y solo los círculos de cal nos detienen.
Y la burla.
Roque Dalton
Poeta salvadoreño (1935-1975)





















