La Artista ArtCorps Jenny Sklar Gilbert usa el teatro y la escritura creativa para concienciar sobre el impacto social de la violencia de género en El Salvador.
El año pasado, mientras acompañaba a una delegación de FUNDAHMER a una comunidad en La Libertad, una chica de 17 años (a la que llamaré María, para conservar su anonimato) me enseñó la comunidad. María, con la naturalidad y la verborrea de un guía turístico, me explicó el contexto histórico y cultural de la tienda cooperativa, el molino de maíz, el campo de fútbol de tierra, los campos de maíz y frijoles con vistas al Pacífico y, por último, la escuela de primaria. Luego volvimos a la iglesia. “¿Y dónde están las demás escuelas?”, le pregunté.
“No hay más escuelas. Los niños de secundaria tienen que caminar 45 minutos en cada sentido para ir a clase en el pueblo vecino”.
“¿Y el instituto?”, le pregunté. “¿Dónde vas tú?”. María suspiró.
“Ya no voy a la escuela”.
“¿Qué? ¿Por qué?”, exclamé con asombro. “¡Pero si eres muy lista! Me han dicho que fuiste de las primeras de tu clase. ¿Qué ha ocurrido?”
“¿De verdad quieres saberlo?”, me preguntó. Yo asentí.

Naphtali and Jenny present skit on violence against women at the Tacos de Paco cultural club
María me llevó hasta un bananal y comenzó a susurrar. Había sido una magnífica estudiante y sus padres habían juntado suficiente dinero para que fuera al instituto. Todos los días, a las 6 de la mañana, María y su compañera de clase Sofía caminaban una hora por un camino de gravilla hasta la carretera donde tomaban el autobús a la ciudad para ir al instituto. Una mañana, María estaba enferma y su amiga tuvo que irse sola. En una de las curvas, un hombre la agarró de la trenza y la tiró al suelo. Allí la violó y la golpeó tan brutalmente que ella ha dejado de hablar. Cuando la madre de María se enteró de lo que le había ocurrido a Sofía, sacó a María de la escuela inmediatamente.
Aún no he conocido a ninguna salvadoreña que no sea víctima de la violencia de género. Todas las mujeres viven con el miedo de poder ser víctimas de acoso o de una agresión sexual. Esta inseguridad obliga a muchísimas mujeres de comunidades pobres, como María, a renunciar a la educación o a oportunidades laborales.
Volvamos a marzo de 2011. Mis colegas y yo nos reunimos para diseñar un cartel para la marcha del Día Internacional de la Mujer, exigiendo una ley de igualdad de la mujer. Pensando en las mujeres con las que vivimos y trabajamos, decidimos hacer un cartel con el eslogan “Las mujeres salvadoreñas respiran igualdad. Así que, ¿dónde está la diferencia?”. Para acompañar el mensaje, dibujamos un paisaje montañoso y un río. La imagen principal era un puño alzado, agarrando un tallo de maíz, rodeado del símbolo de la mujer en color rosa, para expresar el poder de las mujeres rurales que luchan por sus derechos. Y el 8 de marzo, marchamos con orgullo en El Salvador con nuestro cartel, representando a miles de mujeres de campo y de ciudad que sueñan con su empoderamiento pero que viven con desesperación.

Naphtali and Jenny are interviewed after skit
Ese mismo mes, mi compañera la Artista ArtCorps Naphtali Fields y yo fuimos invitadas a interpretar una obra en el acto “Poesía y Teatro” de una asociación cultural. En honor al Mes Internacional de la Mujer, decidimos representar una escena que mostrara la violencia contra las mujeres. Escribimos un sketch satírico sobre María, la chica más lista de la clase, que tuvo que abandonar la escuela debido al machismo y a la falta de escuelas en las zonas rurales.
Nos informaron de que éramos la actuación de clausura, así que nos sentamos en una mesa de madera y observamos a los demás actores y actrices mientras leían poemas dramáticos sobre el amor, hacían danza contemporánea y se pavoneaban por la habitación haciendo el mimo. Todo muy bien ejecutado, pero ¿dónde había quedado el contenido social? Naphtali y yo nos presentamos como Artistas ArtCorps que trabajábamos con mujeres y jóvenes en comunidades de El Salvador y nos dispusimos a interpretar la historia de María, explicando por qué dejó la escuela a su amiga Flor, que trabaja en una fábrica en la que la explotan. Nos aplaudieron con entusiasmo. Tras agradecer los aplausos con los demás artistas, pudimos hablar con personas del público sobre las condiciones tan injustas existentes en las zonas rurales de El Salvador que nos hicieron escribir y representar nuestra obra, una realidad desconocida para muchos de los urbanitas de clase media que frecuentan los actos culturales de San Salvador.
En nuestros próximos talleres ABC (Arte, Bienestar y Creatividad) Naphtali y yo vamos a codirigir un taller de teatro de dos días. Tras representar nuestro sketch, pediremos al personal de FUNDAHMER que escriba y represente sus propias obras basadas en su experiencia con la violencia en las comunidades. Una vez que se sientan cómodos escribiendo sketches, podrán organizar actividades teatrales similares con sus grupos comunitarios, y darán a los jóvenes la oportunidad de compartir sus propias experiencias relacionadas con la violencia de género.
La expresión creativa prepara a las comunidades para que luchen por un país en el que las mujeres no tienen que soñar con ser iguales: un El Salvador en el que las mujeres son iguales.
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